Daniel Lobete: “La oficialidad de la lengua asturiana también puede ser una buena noticia para Cantabria”

Hace poco me comentaba un amigo con ascendencia pasiega como, estando de vacaciones en Asturias, le sorprendió ver un cartel en el que aparecía indicado el Ayuntamientu del pueblo. “Sí, lo ponía con la u”, me dijo asombrado. Yo le comenté que en la comunidad vecina es cada vez más habitual que los conceyos hagan la cartelería en asturiano. Además, la lengua asturiana se enseña como asignatura optativa en Primaria y en Secundaria. Así mismo, cuentan con una  Academia de la Llingua Asturiana y, actualmente, tras muchos años de reivindicación, están cerca de conseguir que el asturiano sea por fin lengua oficial dentro de la Comunidad Autónoma.

Todo esto sin duda le sorprendió, pero su reflexión fue por otro lado. Me comentó que lo que más lo que más le llamaba la atención es que en realidad en su pueblo junto al Pas también se dice Ayuntamientu, solo que “no se escribe”. Me quedé con esta reflexión. Se habla pero no se escribe. Hay que preguntarse por qué sucede esto. En primer lugar a que pesan mucho los prejuicios y el desconocimiento. Es difícil que se escriba algo que no se valora, a lo que no se le da entidad, y que además es considerado algo “mal hablado” y propio de “paletos”. Claro, nadie quiere “hablar mal” ni ser un “paleto” y mucho menos las instituciones encargadas de la señalización. Pero esto nos lleva a una nueva pregunta ¿Por qué pesan aquí más estos prejuicios que en Asturias?

Podríamos pensar que se trata algo intrínseco a la propia lengua y entrar a hablar de las similitudes y de las diferencias fonéticas o gramaticales entre asturianu y cántabru. Señalar que la línea que los separa está en el río Purón y que, aunque con diferencias significativas, pertenecen a una misma familia que denominamos astur-leonés, tal y como recoge la UNESCO en su mapa de lenguas en peligro. Podríamos mencionar por ejemplo que aquí decimos juenti, baju y bardal mientras allí dicen fonte, baxu y bardial. Pero no. Ahí no encontraremos la respuesta. No se trata de fonemas o de gramática sino que hay que ir al tipo de sociedad que tenemos en cada orilla del Deva.

En Asturias se valora, se quiere y se protege el asturiano. No sucede lo mismo que en nuestra tierra porque allí empezaron ya hace muchos años a combatir los prejuicios y a defender y potenciar su lengua. Comenzaron ya en los 70 con la organización histórica ‘Conceyu Bable’ que elaboró las primeras normativas escritas y reivindicó la inclusión del asturianu dentro del sistema educativo. Esto se consiguió a mediados de los 80 mientras que en 1998 se aprobará una Ley de uso y promoción del asturiano.

En Cantabria durante en los años 70 las reivindicaciones autonomistas obviaron la cuestión lingüística y hay que esperar a finales de los 80 para el surgimiento de Montañés Abora, primera asociación en reivindicar la defensa de nuestra modalidad lingüística. Todo esto se desarrolló en paralelo al surgimiento de la música folk con grupos tan emblemáticos como Luétiga que componían sus letras en cántabro. Ya en el siglo XXI se ha trabajado en asociaciones pequeñas como Rede, Esclave, L’Argayu, Alcuentru,  etc, con pocos medios y casi siempre con el ninguneo o la oposición directa de las instituciones. Precisamente aquellas que deberían hacer la labor de proteger y divulgar un legado que pertenece a toda la sociedad. Aunque no lo parezca, soy optimista, creo que la sociedad cántabra es hoy día mucho más proclive a valorar el cántabru de lo que lo era hace unos años, pero está casi todo por hacer.

La oficialidá de la lengua asturiana será desde luego una buena noticia para Asturias. Aparte de alegrarnos por nuestros vecinos creo que también puede ser una buena noticia para Cantabria. Resulta más fácil andar por un camino por el que alguien pasó primero, mucho más si ese camino lo tenemos cerca de casa.

Artículo de opinión publicado en eldiario.es Cantabria el 29/05/2018. Consultar aquí.

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